Inicialmente, para elaborar cualquier tipo de cuestionario, y especialmente aquellos que contienen preguntas de carácter situacional y que pretenden formularse mediante la metodología aplicada de la Taxonomía de Bloom, resulta fundamental poseer un conocimiento amplio, profundo e integral del tema que será objeto de evaluación.
No basta únicamente con conocer la norma, la ley, la teoría o los conceptos generales relacionados con el tema; también es indispensable comprender su metodología, componentes, objetivos, procedimientos, protocolos, antecedentes históricos y fundamentos técnicos. Asimismo, debe entenderse la manera en que dicho tema se relaciona e interactúa con otras normas, procesos, actividades, componentes institucionales o áreas del conocimiento.
En otras palabras, quien formula preguntas debe conocer plenamente el cómo, el porqué y el para qué del tema evaluado. Este dominio integral permite construir preguntas técnicamente correctas, coherentes y contextualizadas, garantizando que las respuestas realmente correspondan a la conducta cognitiva que se pretende medir.
El conocimiento profundo del tema contribuye a que las preguntas estén correctamente estructuradas tanto en su contenido como en su redacción, evitando ambigüedades, errores conceptuales o respuestas parcialmente válidas. Por ello, es indispensable que, al momento de formular una pregunta, se tenga la capacidad de citar, identificar, nombrar o enumerar la norma, ley, procedimiento, fuente doctrinal o fundamento técnico que respalda y demuestra que la respuesta correcta efectivamente es válida.
En consecuencia, las respuestas deben ser inequívocamente correctas, verificables y sustentadas técnicamente. El dominio del contenido constituye la base esencial y el punto de partida para la construcción adecuada de cualquier instrumento de evaluación.
Posteriormente, una vez adquirido el conocimiento suficiente sobre el tema, se deben conocer los componentes metodológicos necesarios para la elaboración de cuestionarios conforme a la Taxonomía de Bloom. Esto implica comprender los niveles cognitivos, los verbos rectores, las conductas evaluativas, la estructura de las preguntas situacionales, la formulación de distractores técnicamente válidos y las reglas para construir opciones de respuesta coherentes con el nivel cognitivo que se desea evaluar.
Al momento de elaborar una pregunta, es indispensable tener en cuenta la conducta, competencia o nivel cognitivo que se pretende evaluar, conforme a los seis niveles de la Taxonomía de Bloom. A partir de dicho nivel se estructura la pregunta, seleccionando el tipo de interrogante que corresponda a la conducta evaluativa definida. Posteriormente, la pregunta deberá formularse de manera coherente con la información expuesta en el caso o situación planteada, garantizando que los hechos descritos sean verídicos, lógicos y relacionados directamente con las acciones y resultados desarrollados dentro del contexto presentado.
En la construcción del caso o situación problemática, deberán incorporarse acciones, decisiones y resultados vinculados específicamente con la conducta que se desea evaluar. Esto implica que, al redactar la situación que da origen a la interrogante, el texto deberá contener elementos narrativos suficientes para permitir al evaluado analizar, interpretar o resolver el problema planteado según el nivel cognitivo correspondiente.
Asimismo, al momento de formular las cuatro opciones de respuesta, cada una deberá iniciar con un verbo en infinitivo o conjugado de manera coherente con la acción que debe ejecutar el sujeto dentro del caso o situación expuesta. La respuesta correcta deberá contener el verbo correspondiente al nivel de la Taxonomía de Bloom que se pretende evaluar, acompañado de una acción pertinente y directamente relacionada con el problema planteado.
Por su parte, las tres opciones incorrectas o distractores deberán construirse utilizando verbos pertenecientes a otros niveles de la Taxonomía de Bloom, distintos al nivel evaluado, manteniendo acciones similares o relacionadas con la situación descrita. De esta manera, todas las opciones conservarán coherencia temática y estructural, diferenciándose principalmente en el verbo rector y en la conducta cognitiva que representan.
Cada alternativa de respuesta deberá contener: un verbo inicial, un sujeto implícito o explícito y una acción concreta derivada del caso planteado. Las acciones propuestas en todas las opciones deberán guardar relación entre sí, variando únicamente el nivel cognitivo asociado al verbo utilizado.
De igual forma, la descripción del caso o situación deberá representar hechos que puedan ocurrir en el ejercicio laboral, académico o profesional. Dentro del mismo caso deberán integrarse tres situaciones específicas relacionadas entre sí, cada una desarrollada por un sujeto determinado y orientada a generar una duda, conflicto o necesidad de decisión que sirva de base para la formulación de tres preguntas independientes.
Cada una de estas situaciones dará origen a una pregunta con cuatro opciones de respuesta, diseñadas para evaluar un nivel cognitivo específico conforme a la Taxonomía de Bloom. En consecuencia, para elaborar tres preguntas, será necesario partir de un único caso integrador que contenga tres situaciones problemáticas relacionadas, las cuales permitan evaluar diferentes conductas cognitivas mediante preguntas estructuradas técnica y metodológicamente bajo los principios de dicha taxonomía.